Dic 01 2008
Pensando sobre mis sobrinos y el modo verbal
Estoy de vuelta hoy, brevemente, para compartir con vosotros algo que me ronda la cabeza desde hace ya mucho tiempo.
Si todo ha salido bien, deberíais ver a dos de mis sobrinos: Pedro y Aitana. Ambos son hermanos. Pedro tiene 12 años y Aitana 5. Los dos van al cole y Pedro ya estudia Lengua Española y ahí anda peleándose con la gramática y las reglas. Aitana aún no y sin embargo, habla correcta y perfectamente. Quiero decir que podéis pensar en el ejemplo más complejo de uso del subjuntivo, y mi sobrina lo construye sin problemas. Y si yo le pregunto a Aitana: “Oye, ¿qué es el subjuntivo?”, ella, mirándome atónita, me preguntará: “¿Einch?” (que es lo que ella dice cuando no sabe de qué le hablas).
Aitana no sabe de subjuntivo, ni de indicativo, tampoco de construcciones puzzle (que diría José Plácido Ruiz Campillo) que le digan que con no creo que debe usar SUBJ pero con creo que impera usar IND. Ni siquiera sabe definir el modo verbal o, para ir más lejos, lo que es un verbo en el sentido gramatical. Y sin embargo ella habla con el SUBJ como si tal cosa. Como si no fuera la mayor dificultad de los aprendientes de ELE. Y es que Aitana sabe mucho de algo, y eso es que ella sabe qué quiere decir en cada segundo de su comunicación. Y ese conocimiento, esa intención comunicativa, se manifiesta en un uso coherente de la lengua.
Si Aitana, con 5 años, sabe usar el modo verbal, podríamos casi decir que es pan comido, juego de niños. Al leer esto, muchos profesores y aún más alumnos querrán retorcerme el pescuezo, pero la verdad es que es cierto. Si Aitana domina el modo verbal, ¿no será que está usando una lógica interna, un algo en su entorno lingüístico y una consciencia absoluta sobre el lenguaje que nada tiene que ver con las reglas gramaticales que aún no conoce?
Dejándonos de hocus pocus (que dirían los angloparlantes) y abracadabras sobre un dispositivo del lenguaje especial que esté oculto entre los pliegues de nuestras neuronas o de un aprendizaje casi mágico a partir de un input incompleto del ambiente del niño, podemos aventurar que ese asombroso dominio del modo verbal debe tener una raíz mucho más evidente, mucho más lógica, mucho más real…